No abundan en la literatura odontológica mundial, los casos, debídamente comprobados de tétanos ingresado a través de heridas traumáticas o quirúrgicas de la cavidad bucal.
En 1924, en la revista La Odontología, pag. 513-517, se menciona un caso de tétanos adquirido a través de una herida en la mucosa bucal, que presentaba la sintomatologia clásica. En la misma publicación, se hace mención al llamado " trismus reflejo ", aparentemente no infeccioso, consecutivo a lesiones de la cavidad bucal, presumiendo que en realidad en dichos casos, puede responder a un " tétanos atenuado ", que se presenta afebril.
En el " Acta Odontológica Venezolana " del 31 de Julio de 2014, se hace referencia también a un caso ocurrido en 1992.
En realidad, la bacteria productora de la enfermedad, puede pulular

En general la propagación del tétanos no se produce de persona a persona, y la bacteria se encuentra comúnmente en la tierra, el polvo y el estiércol, e ingresa al cuerpo a través de una solución de continuidad, cortante o punzante.
La toxina tetánica, provoca contracción o calambres en los músculos, afectando el cuello, el pecho y el abdomen, desencadenando problemas respiratorios, espasmos musculares graves y convulsiones. Los espasmos musculares pueden afectar el maxilar inferior con la producción del clásico " trismus mandibular " que impide la apertura bucal por el compromiso de los músculos masticatorios, lo que no debe confundirse con la " constricción mandibular " de etiología inflamatoria local o de compromiso de la articulación temporomandibular ( ATM ).

Si el tétanos no es abordado y tratado convenientemente en forma rápida, puede conducir a la muerte. En realidad el arma más poderosa es la prevención a través de la vacuna antitetanica.
Los niños menores de 7 años, reciben en forma gratuita y obligatoria la vacuna DTaP contra la difteria, el tétanos y la tos ferina. Los mayores de 7 años y los adultos, deben recibir la vacuna Td contra el tétanos y la difteria. Quienes hallan sido vacunados hasta los 18 años, debido a que la inmunidad se reduce con el paso del tiempo, deben recibir dosis de refuerzo cada 10 años. El odontólogo debe siempre interrogar al paciente si su cobertura se encuentra vigente, y ante la duda, principalmente cuando se deban realizar procedimientos invasivos, ha de solicitar la incorporación de una nueva dosis de vacuna.