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miércoles, 14 de mayo de 2025

SOBRE UN NUEVO CORONAVIRUS : Un llamado de atención a los profesionales de la salud.


 

En una antigua publicación, y con referencia a la seguridad y salud del odontólogo, decíamos que "nada es más impredecible que el futuro y nada más imperdonable que la imprevisión".
La pandemia que azotó al mundo en 2020 con su cortejo de enfermos y muertes, que encontró un mundo desprevenido, ejemplifica dicho aserto. Tan solo en nuestro país, los 10 millones de infectados y las 130.000 defunciones, han dejado una profunda marca que nos obliga a tomar todas las precauciones a nuestro alcance para evitar una situación de tanta gravedad.
El día 12 de Mayo de 2025, la OMS expone un informe del Ministerio de Salud del Reino de Arabia Saudita que notifica la aparición de un pequeño brote de infección por coronavirus causante del Sindrome Respiratorio de Oriente Medio, que si bien por el momento presenta un desarrollo moderado, lo hace con un alto índice de letalidad, y afecta principalmente al personal de salud que generalmente lo contraen durante la atención de pacientes portadores de la infección.
Esta situación, pone de manifiesto que la circulación del virus, que procede de animales camélidos, es transmisible al ser humano y puede llegar a abarcar poblaciones humanas importantes y alejadas.
El comienzo de la enfermedad con síntomas leves e inespecíficos como mialgia, fatiga, náuseas y vómitos puede desorientar el diagnóstico, que debe ser corroborado por pruebas de laboratorio.
La mayoría de los casos notificados a la OMS provienen de Arabia Saudita, aunque de los 2.627 ocurridos hasta ahora, existen también enfermos provenientes de otros 27 países, y su mortalidad (36 %) resulta preocupante.









Hemos repetido una y mil veces, que la odontología es una profesión insalubre y el consultorio y quirófano dentales constituyen un área crítica.
Cuando analizamos una situación de posible pre-pandemia, o simplemente de algunos brotes infecciosos que preponderantemente afectan el aparato respiratorio, tal como lo hacen los coronavirus, podemos tomar conciencia del sumo riesgo que implica para el odontólogo su habitual exposición al aire expirado por los enfermos, en cuyo interior pululan los virus causantes de la afección.
La extrema cercanía a la boca de los pacientes, y las modalidades del ejercicio de la profesión, le imponen al profesional un riesgo suplementario a su común existencia, y ello impone la búsqueda de una fuerza de reserva que le permita enfrentarlo y vencerlo, que se adquiere a través de la rígida aplicación de algunas sanas reglas de vida y de algunos concretos criterios científicos y técnicos para su defensa.
Decía Diderot que  "los profesionales de la salud trabajan para conservárnosla ", lo que no obsta que primero deben proteger la suya.

viernes, 27 de marzo de 2020

LA ODONTOLOGIA : " UNA PROFESION DE RIESGO "


Uno de los más antiguos temas del derecho social, lo constituyen los daños emergentes del trabajo, a los que desde sus inicios se los denomina infortunios, como si solo representaran una simple desdicha no achacable a causas evidentes, y por tanto, no resultara imperiosa la reparación por parte de algún responsable empleador.
Sin embargo, previendo que en muchas oportunidades el trabajador, como consecuencia de un "accidente del trabajo" o de una "enfermedad profesional" puede quedar desamparado, los estados generaron una legislación para que algún actor social, individual o colectivo, responda en auxilio del doliente.
Dejando de lado el dolo, la culpa o la negligencia de terceros, muchos infortunios responden a causas inherentes a la realización del propio trabajo.  En dicho caso los profesionales de la salud, cuando no tienen dependencia del estado, de los organismos de la seguridad social o de instituciones privadas, resultan un claro ejemplo de que, quienes trabajan por cuenta propia, en forma privada liberal o a través de contratos de hecho con las Obras Sociales o las entidades de medicina prepaga, deben buscar algún camino de prevención y cobertura para los accidentes y enfermedades del trabajo.
Nos hemos cansado de publicar desde hace muchos años, llamados de atención a los poderes públicos, organizaciones prestadoras de servicios, entidades profesionales, odontologos en particular y la población en general, con una serie de reclamos en cuanto al reconocimiento de dos situaciones que coponen una cruda ecuación.  La odontologia es una "profesión de riesgo", y la clínica o consultorio dental es un "área crítica" en virtud de su directa incidencia en las viscisitudes a que el odontologo se encuentra expuesto.
La salud y seguridad del odontologo en el desempeño de su función, ya han sido analizadas en profundidad en una extensa publicación de 1979 en la revista " Salud Bucal " de la Confederación Odontológica de la República Argentina (CORA) y a posteriori en un libro del Dr, Trucco de Bahia Blanca. En sucesivas entradas de éste blog lo hemos seguido abordando con asiduidad.
Si bien es cierto que muchos profesionales de práctica privada liberal, imponen aranceles dignos a sus pacientes que les permiten tomar por su cuenta algún mecanismo de cobertura, también es cierto que ellos representan una minoría, y la gran mayoría de los odontologos dependen de convenios con instituciones que fijan unilaterálmente sus retribuciones, y que ignoran en la estructura de costos la cobertura social a la que tienen derecho, tal como lo asume la legislación que cubre a los trabajadores en relación de dependencia a través de leyes como la 9688 de 1915, su complementaria 24557 de 1995 y la 26773 de 2012 que crea las 
"Aseguradoras de Riesgos del Trabajo" ( ART ).
La evidencia científica sobre la posibilidad de sufrir accidentes laborales o enfermedades profesionales por parte de los adontologos, es muy conocida y se encuentra debídamente respaldada por los organismos internacionales de la salud ( OMS-OPS ) y por las entidades profesionales ( FDI ).
En una reciente publicación del Departamento de Trabajo del Gobierno de los EE.UU de N.A, se analizaron los 15 trabajos que más pueden afectar la salud de quienes los realizan, tomándose en cuenta un listado de 974 ocupaciones que experimentan exposición a contaminantes, infecciones, condiciones azarosas, radiaciones y a riesgos menores como quemaduras, cortes, desgarros y pinchazos.
Entre esas 15 labores, los odontologos ocupan el segundo lugar solo precedidos por los técnicos en histotecnología. En un estudio posterior del "Occupational Information Network" del mismo Departamento y sobre el mismo número de profesiones analizadas
( 974 ), la profesión odontológica pasó a ocupar el primer lugar entre profesiones como radiólogos, instaladores de ascensores, enfermeras, operadores de plantas químicas y de tecnología nuclear, pilotos de aerolineas, anetesistas etc.
Si analizamos en particular los distintos riesgos más frecuentes, según la causa o el agente productor, podemos agruparlos de la siguiente forma :

                       1.- Riesgos profesionales por agentes biológicos.
                            ( por inoculación, inhalación, contacto con
                              humores orgánicos )

                       2.- Riesgos profesionales por agentes físicos.
                            ( radiaciones de distinto tipo, ruido, lesiones
                              oculares, inhalación de polvo )

                       3.- Riesgos profesionales por la carga física del
                            trabajo.
                            ( columna vertebral, mano, brazo, hombro )

                       4.- Riesgos profesionales por sobrecarga psíquica.
                            ( Estrés, Bourn-Out )

                       5.- Riesgos profesionales por agentes químicos.
                            ( dermatitis, irritantes respiratorios, 
                              mercurialismo )

Todos éstos riesgos y enfermedades relacionadas con el ejercicio de la odontologia, requieren de una serie de protocolos y normas para su prevención a los efectos de garantizar las condiciones de salud y seguridad adecuadas, con pautas que regulen el trabajo y minimicen los riesgos de accidentes y complicaciones.
Todos los servicios públicos y privados de atención odontológica, y las clínicas docentes universitarias, deben adoptar dichas normativas referidas a :
                                     VESTUARIO

                                     EQUIPOS Y BARRERAS 
                                     PROTECTORAS

                                     ACCESORIOS PARA LA HIGIENE
                                     DE LAS MANOS

                                     ESTERILIZACIÓN

                                     MANIPULACIÓN DE SUSTANCIAS

                                     ELIMINACIÓN DE DESECHOS

                                     LIMPIEZA Y CONSERVACIÓN
                                     DEL INSTRUMENTAL Y EQUIPOS

Todas éstas normas de bioseguridad deben abarcar a los profesionales, auxiliares, alumnos, docentes, personal técnico y pacientes, aunque no en todos los casos se cumplen cabálmente.
Vale la pena hacer un mea culpa sobre nuestra propia responsabilidad en no demandar el cumplimiento de éstas normativas, como también reconocer que en muy contadas oportunidades la profesión se organizó para reclamar condiciones dignas de trabajo, remuneraciones justas y trato respetuoso.
La Confederación Odontológica de la República Argentina (CORA), ha llevado a cabo algunas campañas de concientización y reclamo ante los poderes públicos, no siempre correspondida como era dable de esperar, pero no se produjeron movilizaciones masivas al estilo de las que los profesionales llevan a cabo en paises vecinos.


  El 16 de Setiembre de 2015 se produjo una importante reunión en Perú, y en el mes de Octubre, se ha llevado a cabo una movilización nacional cuyo acto central se produjo en Brasilia. En ambos casos los odontologos hicieron oir su voz con toda decisión.
En Argentina no obstante, se han conseguido algunos logros a través de legislaciones provinciales que imponen el funcionamiento de organismos de seguridad social que se desempeñan como instituciones de derecho público (paraestatales), que son de afiliación obligatoria, y cubren las contingencias de jubilación, pensión, subsidios por discapacidad transitoria, seguros por fallecimiento y en algunas de ellas verdaderos sistemas de cobertura médica integral.
La Caja de Seguridad Social para Odontologos de la Provincia de Buenos Aires es una de dichas instituciones, que por ley se autogobierna y autoregula (por supuesto bajo supervisión estatal), y ha conseguido sumar al aporte obligatorio de sus afiliados, una contribución de las entidades de la Seguridad Social y de la medicina prepaga, que obran de comitentes de aquellos profesionales que brindan atención a sus afiliados a través de contratos directos o institucionales, que representan un porcentaje de lo facturado que no se debita de la retribución. Estos aportes constituyen un fondo individual que al momento de obtener la jubilación, son anexados mensualmente al importe básico.
Algunas otras cajas provinciales, tambien han establecido aportes suplementarios que los pacientes abonan por encima del arancel habitual privado.
Vale consignar que las estadísticas de morbi-mortalidad de la Caja de la Provincia de Buenos Aires, constituyeron el sostén de la decisión del Ministerio de Salud para el otorgamiento a todos los odontologos de la carrera profesional hospitalaria, de la "licencia por riesgo profesional", de la que ya gozaban los médicos.
El perfeccionamiento que el Estado debe aplicar a toda la normativa vigente, en relación a la cobertura de las contingencias emanadas de los infortunios del trabajo profesional, debe constituir una permanente preocupación no solo de los funcionarios y legisladores, sino de los propios profesionales y sus instituciones, que deben dejar de lado la vieja creencia de que el ahorro y la inversión individual durante su etapa laboral, es el reaseguro de un efectivo retiro de la actividad, ya que la gran mayoría de los odontologos graduados en las últimas décadas y los que se graduarán en el futuro, no estarán en condiciones de imponer aranceles compensatorios, y requerirán de mecanismos de solidaridad social que permitan acceder a reparaciones adecuadas en los casos de dolencias incapacitantes derivadas de su actividad laboral, y de prestaciones jubilatorias que les permitan gozar dígnamente de sus derechos al momento del abandono del ejercicio profesional.
La actual pandemia de coronavirus ha puesto el dedo en la llaga sobre todos éstos problemas que afectan a la profesión odontológica. Parece que recién ahora nos damos cuenta de las falencias que padecemos en nuestra organización profesional, y de lo endebles de nuestros argumentos, solo esgrimidos en oportunidades ocasionales tratando de influenciar sobre los poderes públicos, que normalmente nos marginan, cuando nuestro trabajo mengua o se ve impactado por situaciones de emergencia. A menudo nos quejamos contra nuestras instituciones en el momento en que debemos aportar recursos para su sostenimiento, pero cuando ocurren catástrofes que nos afectan económicamente, apuntamos hacia ellas culpándolas de negligentes.
Creo que ha llegado la hora, no solo de participar e informarnos, sino de involucrarnos actívamente en nuestras asociaciones de libre agremiación, como en aquellas de derecho público que nos aglutinan obligatóriamente, para que cumplan con sus cometidos y se constituyan en nuestra verdadera reserva que nos duvuelva nuestra tranquilidad en los momentos de incertidumbre que  nos acechan de tanto en tanto. Nadie puede repartir lo que no dispone, y la disponibilidad se constituye con nuestro aporte solidario.
Los actuales jubilados, pensionados y aquellos colegas que han sido golpeados por la enfermedad, sin duda alguna no reciben una compensación que les permita sobrellevar con dignidad los últimos años de su vida. Hagamos todo lo posible para que dicha situación, no sea otra cosa que el espejo en que se reflejarán las generaciones más jóvenes en un futuro, si nó hacemos de la solidaridad el arma fundamental de nuestra existencia.

martes, 2 de julio de 2013

LOS RESIDUOS PELIGROSOS EN LA PRACTICA DENTAL. Primera parte.


Todos los establecimientos de salud, incluidos los consultorios profesionales del área, como consecuencia de su trabajo sobre seres humanos generalmente enfermos local o sistémicamente, producen una serie de desechos o basura patogénica cuyo tratamiento requiere de una serie de medidas destinadas a evitar su diseminación y su acción nociva sobre la salud de las personas, incluidos los propios profesionales.
El consultorio odontológico es un seguro generador de residuos peligrosos con material potencialmente nocivo, tanto desde el punto de vista tóxico como infeccioso, que poseen capacidad de daño sobre la salud en general y sobre el medio ambiente.
Como generador de residuos peligrosos en su área de trabajo, el odontólogo es responsable del destino de dichos residuos. En Argentina existen cuerpos legales que reglamentan el tema. A nivel nacional, la ley 24.051 es de aplicabilidad para todas aquellas provincias que no posean una ley específica. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires ha dictado la ley 2214, que se refería en sus comienzos a los residuos industriales, pero luego la amplió a los patógenos. Otras circunscripciones se han dado sus respectivas leyes :
                     Córdoba...................ley 2149
                     Santa Cruz...............ley 2567
                     La Pampa.................ley 1466
                     Santa Fe.............decreto 1844
                     La Rioja....................ley 8735
                     Chaco........................ley 3946
                     Buenos Aires.............ley 11720
                     Misiones....................ley  3660

Los residuos generados en el ejercicio de la práctica odontológica son de naturaleza sólida o líquida, e incluyen sustancias toxicas, productos punzo-cortantes, sustancias químicas que pueden lesionar los tejidos orgánicos, material potencialmente nocivo  como microorganismos de distinto tipo, y productos que pueden dañar el medio ambiente.  Elementos como guantes, mascarillas, gasas, algodones, agujas, hojas de bisturí, cartuchos de anestesia, elementos rotatorios, papeles descartables, baberos, líquidos reveladores y fijadores de radiografías, despojos tisulares, piezas dentarias, materiales restaurativos, mercurio y aditamentos ortodóncicos y protéticos, muchos de ellos con poder infectante se desechan diariamente.
Todos éstos elementos deben ser separados de la basura doméstica, y tratados adecuadamente dentro o fuera del ámbito de trabajo.
Los pasos destinados a dar el tratamiento adecuado a todos éstos productos incluyen :
             1.-  Identificación
             2.-  Recolección
             3.-  Aislamiento
             4.-  Tratamiento
             5.-  Transporte
             6.-  Disposición final


Todos los desechos perfectamente individualizados  deben introducirse, con las manos enguantadas en recipientes especiales.
Los elementos punzo-cortantes, deben introducirse en envases  rígidos ubicados lejos del área de trabajo, y los demás residuos en bolsas rojas o amarillas, según lo establezca la ley, a las que luego se incorporarán los recipientes rígidos para ser recogidos por la empresa contratada a sus efectos. Cabe recordar, que la responsabilidad del profesional no se agota con la entrega de la bolsa, y que se mantiene durante todo el procedimiento de transporte hasta llegar a su tratamiento. Los residuos líquidos, como la sangre, secreciones, el fijador radiográfico y otros, deben ser embebidos por algún material absorbente para evitar su derrame.

Sería muy conveniente, disponer en el consultorio de un autoclave o aparato específico como el Bio 5000, a los efectos de volcar en él los residuos contaminados para su descontaminación antes de ingresarlos a la bolsa correspondiente. Todo el material descontaminado puede ser considerado basura domiciliaria.
El fijador radiográfico debe someterse a recuperadores de plata lo que permite eliminar la solución remanente por el desague. Las láminas de plomo, como los restos mercuriales, deben entregarse a los recuperadores. Las empresas que se encargan del tratamiento y disposición final de los residuos, cuentan con hornos patológicos cuya temperatura supera los mil grados transformando en ceniza el material tratado.
El odontólogo, a los efectos de prevenir efectos adversos para su salud, la de sus pacientes, su familia y el medio ambiente en general, debe considerar a cada paciente como potencialmente  infeccioso, y nutrirse de toda la información que le permita adoptar las medidas que correspondan.
Según una investigación realizada en México, el consultorio dental produce diariamente entre 60 y 800 gramos por día de residuos peligrosos ( 250 g. de promedio ). Solo el 72 % de los odontólogos los clasifica, el 90 % conoce las disposiciones reglamentarias, y solo el 50 % los coloca en recipientes adecuados.
A pesar que la preocupación y reglamentación sobre los residuos peligrosos en el área de la salud, ya lleva más de 30 años, en algunos países todavía no ha motivado suficientemente a las  autoridades sanitarias y a los propios profesionales. Existe sin embargo suficiente evidencia en el mundo sobre la necesidad de encarar seriamente dicha temática.
Decíamos en una publicación de hace varios años, que " el odontólogo, tal vez por las características físicas de su trabajo, todavía no ha logrado sacudirse totalmente de los estigmas del individualismo, y a veces es tan marcado, que tercamente construye su propia inseguridad.  Las modalidades del ejercicio de la profesión odontológica, le imponen riesgos suplementarios a su común existencia, y ello supone la búsqueda de una fuerza de reserva que le permita enfrentarlos y vencerlos, y que se adquiere a través de la rígida aplicación de algunas sanas reglas de vida y de algunos concretos criterios científicos ".
 
                                                                   Continuará.

viernes, 20 de abril de 2012

28 DE ABRIL : " DIA MUNDIAL DE LA SEGURIDAD Y SALUD EN EL TRABAJO "

La economía verde, es una denominación que la OIT le confiere al trabajo exento de los riesgos y complicaciones a que se hallan expuestos los seres humanos, por el sólo hecho de desarrollar una tarea, ya manual ya intelectual. Es por ello, que vale la pena que cada oficio, profesión o tarea, a través de sus organizaciones gremiales, colegiadas, científicas etc., lleve a cabo estudios, investigaciones y trabajos de campo, que analicen los aspectos relativos a la seguridad y salud en el ejercicio de cada una de ellas.
En el area de la odontología, se han publicado innumerables trabajos de prestigiosos autores o instituciones en los que se han expuesto verdaderos catálogos de riesgos y enfermedades profesionales, pero lamentáblemente es muy poco lo que se conoce sobre la incidencia de las mismas, y las pocas cifras que se manejan, no responden a un conglomerado homogéneo, sino a grupos encuestados que no son representativos de una comunidad profesional.
Desde el año 1979, en que publicáramos un estudio exhaustivo sobre el tema, con datos epidemiológicos serios ( Seguridad del Odontólogo, Revista Salud Bucal de la Confederación Odontológica de la República Argentina, Año VI, N° 29, Abril-Mayo 1979 ), me ha resultado casi imposible encontrar en la bibliografía estudios epidemiológicos sobre el tema.
Volviendo sobre los datos publicados a más de 30 años, creo conveniente republicarlos a los efectos de incentivar la realización de nuevos estudios, en virtud de la magnitud de los resultados obtenidos.


En otra publicación realizada en la revista" Odontología Bonaerense ", también abordé el tema de la discapacidad del odontólogo, anexando un cuadro sobre su incidencia :                                                                                        
La pretención de ésta entrada, en ocasión de la celebración del dia mundial de la seguridad social y salud en el trabajo, no es otra que despertar la inquietud del odontólogo ante los riesgos que le acechan, e incentivar a las instituciones odontológicas, a implementar soluciones en base a estudios serios que detécten las contingencias biológicas y sociales a que está expuesto por el solo hecho de ejercer la profesión, y al mismo tiempo, adoptar las medidas tendientes a enfrentarlas y minimizarlas.