Si bien la cavidad bucal puede ser el asiento de innumerables enfermedades de distinto origen, la mayor prevalencia recae en la caries dental y en la gingivoperiodontitis.
La caries afecta a más de la mitad de la especie humana, y si bien es conocida desde la más remota antiguedad, los grandes avances en el conocimiento de su etiología y patogenia se producen en el siglo XX.
La teoría ácida de Miller constituyó el fundamento de la misma, en la que la descalcificación del esmalte producida por las bacterias habituales marcaba el inicio de la enfermedad.
La periodontitis es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta los tejidos de soporte del diente y se caracteriza por la alteración de la inserción clínica y pérdida del hueso alveolar.
Constituye la sexta enfermedad crónica más prevalente, afectando a 1.100 millones de personas en su estadio avanzado.
La participación bacteriana en la producción de ambas enfermedades se retrotrae a los estudios de J. Kilian Clark (para la caries) en 1924 en Londres, cuando identificó a una cepa del streptococcus a la que por mutación de forma denominó "mútans". En cuanto a la periodontitis, los estudios de Jan Waerhaug en Noruega en la década de 1950, tambien determinaron la participación multibacteriana en su etiología. Estos avances científicos fueron calificados como la tercera revolución de la odontología moderna, y fueron la base para poder interpretar su impronta sobre diversas patologías sistémicas.
En publicaciones anteriores, ya hemos hecho referencia al estrecho vínculo que se ha encontrado entre la caries y la periodontitis con otras enfermedades generales, entre las que hemos destacado las del aparato cardiovascular, respiratorio, renal, la artritis reumatoidea, el Alzheimer, la piel, la diabetes, el cáncer y algunas otras, cuyo control contribuye a la reducción de la carga de las enfermedades sistémicas.
Algunos investigadores han concluido que no se requiere la presencia de una enfermedad avanzada para interferir el funcionamiento de ciertos órganos y funciones, llegando incluso a relacionar cada una de las piezas dentarias con determinadas partes del organismo. La odontología neurofocal (sic.) es una rama de la terapia neural que se especializa en llevar a la práctica un trabajo integral en la relación entre los dientes y el sistema nervioso.
Los puntos neurales en la boca son denominados "odontones", y se los define como la conexión entre el diente, el periodonto, el hueso y la encía con la red nerviosa que los conecta con todo el organismo a través del sistema nervioso.
Esta relación anatómica y fisiológica resulta evidente con solo apreciar todas las interconexiones existentes (foto).
La evolución de las neurociencias aportan notables conocimientos sobre ésta relación, y se han convertido en un campo científico de particular relevancia para la odontología.
La evolución de las neurociencias aportan notables conocimientos sobre ésta relación, y se han convertido en un campo científico de particular relevancia para la odontología.
El diagnóstico y tratamiento del dolor, y otros trastornos sensitivos y motores en el área bucal (gusto, masticación, salivación, deglución, parestesias, parálisis etc.), han sido reconocidos y valorados.
Siempre en el área neural, las ciencias del comportamiento también han ayudado notoriamente en la promoción de la salud bucal relacionada con la dieta, la higiene bucal y el abordaje de los servicios, todo ello enmarcado en el respeto a los factores ambientales y sociales, por lo que sus intervenciones, con sus recursos y herramientas resultan cada vez más alentadores.
Un aspecto también significativo se aprecia en el neurodesarrollo infantil, en donde las neurociencias pueden brindar ayuda, a través de los nuevos medios de diagnóstico anticipativos, orientando al abordaje de ciertos trastornos de la oclusión. En los primeros tres años de vida, cualquier alteración neurológica dental puede influir en la oclusión. La vía de acción es de doble mano, en la que se cruzan los influjos neurales que modifican la oclusión, con la mejoría de las funciones cognitivas cuando se corrigen las maloclusiones. La colaboración interdisciplinaria juega un papel primordial tanto para una detección temprana y un tratamiento eficaz que logren una mayor satisfacción.
La relación entre la oclusión y el desarrollo neural, debidamente comprendida por los padres, los profesionales y la sociedad toda, estimula una mayor colaboración de las partes para un logro efectivo en los tratamientos.
Sin embargo, no habíamos encontrado referencias concretas del impacto directo de la salud bucal sobre la patología neurológica, salvo por acción de contiguidad de algunas infecciones dentales, aunque desde la década de 1990 ya existían indicios sobre dichas posibilidades.
La Revista Neurology Open Acces, publicada por la Academia Americana de Neurología, del 22 de Octubre de 2025, publica tres artículos de investigación en los que se analiza la estrecha relación de las enfermedades bucodentales con las patologías que afectan al encéfalo, entre las que predominan los accidentes cerebrovasculares (ACV) y otras de menor impacto.
Investigadores como J.Meyer, S.Wood y S.Sen con sus colaboradores han publicado trabajos de investigación en prestigiosas revistas como el Lancet Neurology o la Revista de la Universidad de Carolina del Sur, con muestras significativas de pacientes por extensos períodos de control.
Todas las investigaciones se centran en las hiperintensidades de las sustancia blanca (HBS), verdaderos marcadores de neuroimágen de la enfermedad de los pequeños vasos cerebrales, y una expresión silenciosa de enfermedad cardiovascular, asociada a veces a riesgos de demencia, otros déficits funcionales y mortalidad.
Las investigaciones se llevaron a cabo en pacientes portadores de periodontitis, caries asociada a periodontitis y una muestra sin patologías dentales. El análisis se llevó a cabo sobre los volúmenes de manchas blancas en la resonancia cerebral (WMH) como riesgo de ictus (ACV).
El formato de los trabajos fue casi el mismo, y uno de los resultados que puede servir de ejemplo concluyó que analizados 1.142 pacientes con periodontitis, tenían un volumen WMH mucho mayor que los pacientes sanos.
Wood y colaboradores llevó a cabo la investigación sobre 5.986 pacientes, y demostró que aquellos que portaban caries y enfermedad periodontal al mismo tiempo, presentaron un mayor riesgo de ictus isquémico.En el cuadro adjunto se comparan los resultados obtenidos, y resulta visible que el riesgo, se incrementó comparando los pacientes sin patologías orales, los que padecían solo periodontitis y aquellos que padecían periodontitis y caries asociadas. Estos estudios abarcaron en general lapsos de alrededor de 20 años de seguimiento, y la conclusión principal es que aquellos pacientes que presentaban las dos enfermedades asociadas tenían un 86 % más de probabilidad de sufrir un derrame cerebral.
Otra importante conclusión que pudo obtenerse del estudio es que, un aumento en la frecuencia del cepillado dental disminuye la concentración sérica de marcadores inflamatorios sistémicos.
El cuidado regular de la salud bucodental, se asoció con tasas de un 23 % menores de accidentes cerebrovasculares isquémicos en comparación con quienes realizan el cepillado en forma episódica.
El estudio PET (tomografía por emisión de positrones), se asocia también en los pacientes con periodontitis y caries con un aumento de la inflamación arterial, y predice futuros eventos cardiovasculares, independientemente de otros factores de riesgo.
Los investigadores subrayan que los resultados obtenidos, refuerzan la importancia del cuidado de dientes y encías como parte de la prevención de enfermedades cerebrovasculares, contribuyendo no solo a mantener una buena salud bucal, sino también a proteger el cerebro y el corazón.
La consulta al odontólogo en forma regular, disminuye en un 80 % las probabilidades de desarrollar en forma simultánea caries y periodontitis, disminuyendo así los riesgos mencionados.
CUIDE SU CEREBRO Y SU CORAZON, MANTENGA SU BOCA SANA.

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