Si se analiza objetivamente el desarrollo del sector de la salud en nuestro país, no puede dejar de reconocerse que a medida que transcurría el tiempo, los profesionales de la salud, y los odontólogos particularmente, han resignado espacios y dignidad con un constante y progresivo deterioro de sus condiciones de trabajo,sus remuneraciones y fundamentalmente su prestigio y estima social.
Escudriñando en la historia del proceso social que le dió marco al desarrollo del sector sanitario, no pueden obviarse los cambios impuestos por la situación de estancamiento, cuando no de retroceso de los índices sociales y económicos que expresan la marcha del país, sin desconocer que son tambien corresponsables, las instituciones y dirigentes de cada sector a través de las políticas que instrumentaron para enfrentar la crisis de la profesión y de cada uno de los miembros de su clase, una clase profesional que sobrevive a la crisis mas pobre y menos esperanzada; qué cambia sus hábitos y limita sus exigencias razonables, pero que no deja de luchar para no perder su identidad manteniendo sus vínculos con la ciencia, la cultura y los mecanismos de mejoramiento profesional.
La disímil suerte laboral de sus miembros, ha creado senderos de separación más que de unión, y la frustración ha horadado cada uno de esos sectores sin que se entienda que la ruina de unos arrastrará a los otros, y que de nada valdrá buscar salidas individuales si no se privilegia una acción de conjunto a través de sus instituciones, entendiendo que ninguna de ellas supera en capacidad a la suma de las capacidades individuales de cada uno de sus miembros.
La tarea institucional, consiste en armonizar y canalizar las inquietudes y propuestas de sus integrantes, a sabiendas que las mismas oscilarán desde la resignación a la prédica descabellada. La resignación no es buena consejera, tampoco lo es la búsqueda de soluciones irreales.
A nadie escapa, que la situación actual pivotea sobre dos factores excluyentes: la indisponibilidad (no ausencia) de recursos y los costos de la atención. No somos los profesionales los responsables del desfinanciamiento de la seguridad social y del uso por lo menos discrecional de sus dineros. Tampoco somos formadores de costos, sino simplemente administradores impávidos de una escalada inflacionaria que impacta sobre nuestro trabajo, sin que dispongamos de mecanismos razonables y lógicos de gestión y actualización.
No puede desconocerse que uno de los aspectos que condicionan los costos de la atención odontológica, se halla vinculado con la mayor demanda per cápita de los servicios y la extención de la cobertura. Las expectativas de la población, mejor informada respecto de la potencialidad de la odontología moderna, hoy se traducen en mayores requerimientos de atención. La enfermedad ya no se acepta como hecho inexorable, y su prevención y tratamiento se incluyen y se demandan en la plenitud del derecho a la salud.
Resulta contradictorio sin embargo, que algunos idearios que se manejan en nuestras instituciones gremiales, que debieran defender a raja tabla dicha concepción, se alian con los organismos y entidades financiadoras aplicando mecanismos retrógrados que limitan los montos a percibir por los profesionales y el número de prestaciones a realizar en lapsos determinados, aceptando además la instauración de garantías que vulneran la norma científica y técnica, sin proponerse luchar por el control o supervisión del manejo de los fondos que esos organismos disponen y aplican arbitrariamente ( se puede consignar al respecto, que el gasto global en odontología en el País asciende a cuarenta y cinco mil millones de pesos anuales, lo que representa alrededor de ochocientos mil pesos anuales por odontólogo y de mas de mil pesos por habitante). Este hecho, aceptado por instituciones y profesionales individualmente ha alterado la relación con nuestros pacientes que desde siempre fué de consideración y respeto. Los mecanismos que otrora se usaran para desalentar la demanda, responsabilidad que los propios usuarios descargaban en los sistemas financiadores, llámense Obras Sociales o prepagas, han sido reemplazados por cortapisas empresarias que hoy enlodan a los propios prestadores, quienes deben asumir, a conciencia por supuesto ante sus pacientes, el costo político y ético de justificar limitaciones, recortes e imposiciones, en muchos casos aceptados por sus propias instituciones en alianza con sus dadores de trabajo.
Estos enfoques metodológicos, no sólo conculcan un derecho inalienable de los enfermos y una responsabilidad de los profesionales. Ni siquiera se compadecen con enfoques científicos como la relación costo-beneficio o costo-efectividad.
Solo se atiende a la supervivencia de sistemas y organismos, ineficientes,y en algunos casos se prohijan corruptelas que poco hacen para optimizar su función y mucho para desvirtuar objetivos que en otros tiempos fueron caros a nuestra profesión .
Basta con señalar como indicador de lo poco que se hace para mejorar la situación descripta, la ausencia casi total de estudios y trabajos de investigación sobre temas claves del ejercicio profesional. Esta responsabilidad les cabe a las instituciones educativas, científicas, gremiales y de derecho público, que todavía no han comprendido la necesidad de desentrañar las razones, dilemas y consecuencias que acarrean las actuales formas de desarrollo de nuestra profesión, desechando los aportes que la bio -estadística, la socio-epidemiología y la investigación operativa ponen a nuestro alcance . A modo tan solo de ejemplo, podemos detallar Algunos de los innumerables temas pasibles de estudio entre los que se destacan:
Incierta Inserción ocupacional.
Explotación profesional.
Pérdida de autonomía y prestigio.
Ausencia de Políticas de Salud.
Financiamiento sectorial.
Incremento de recursos humanos y tecnológicos extrasectoriales
nó legitimados o no remunerados .
Estancamiento del sector público.
Irrupción de capitales multinacionales y extrasectoriales en el
Mercado de la salud.
Políticas inciertas sobre garantia de calidad de la atención.
Burocratización de la práctica.
Políticas Institucionales.
Incentivos para la radicación geográfica regional.
Impuestos y cargas sociales.
Costos de Infraestructura y Equipamiento.
Presión tecnológica y farmacoquímica.
Educación continua y reciclaje del conocimiento.
Especialización.
Oferta profesional en expansión.
Bioseguridad.
Mala praxis.
Estos, y muchos otros temas, se constituyen en verdaderos dilemas del ejercicio profesional.
Los proveedores de servicios de salud y el propio estado, adhieren a una nueva ética que va calando hondo en la sociedad, que es la " etica consecuencialista , vale decir aceptar como un precepto inconmovible aquello de "el fin justifica los medios". Valdría la pena sin embargo, que dichos organismos explicitaran claramente cual es el fin que persiguen. La realidad nos dice que ese fin no es otro que la limitación desmedida del gasto en un caso, y el olvido de las responsabilidades en el otro, siempre bajo un disfraz de demagogia y solidaridad.
No repitamos los errores del presente y del pasado. La generación de nuevas conductas dirigenciales que apunten a desprogramar las políticas negativas y a encauzar una decidida defensa del odontólogo como trabajador de la salud, debe constituir el escenario normativo hacia el cual enfocar el ejercicio de la profesión. Resulta perentorio sustituir la sujeción que hoy marca la relación entre los odontólogos y su dirigencia, por un verdadero lazo que dignifique a la muchedumbre de colegas acuciados por la crisis. Sólo la incertidumbre y la falta de trabajo, cómo la relativa seguridad que pueden representar los aranceles indignos institucionalizados, sujetan todavía dicha dependencia y desestimulan una reacción orgánica. Tan solo una ética libre de cortapisas y argumentos insostenibles, con base en la equidad, solidaridad y justicia distributiva, habrá de asegurar un bienestar digno para los profesionales odontólogos, sin que ello signifique el desapego y el olvido de nuestras responsabilidades ante la comunidad.
EL DERECHO INDIVIDUAL, NO DEBE ENTENDERSE COMO LA ANTÍTESIS DEL DEBER SOCIAL.
En este blog, se ofrece una tribuna para la exposición y discusión de los Problemas que Afectan la formación del Odontólogo, el ejercicio profesional y todo tema atinente al Mejoramiento de la salud bucal de la población, y a la Jerarquización de la profesión.
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jueves, 1 de diciembre de 2016
martes, 1 de mayo de 2012
PUBLICIDAD MÉDICA : ¿ EDUCACIÓN O NEGOCIO ?
Numerosos son los derechos fundamentales que dan sustento a los paises en que reina la libertad y la democracia. Uno de ellos es el derecho a la libre expresión.Cuando éste derecho se ejerce a través de los medios gráficos o audiovisuales, la expresión puede tambien significar "información", la que no se ciñe solo a la exposición de ideas, sino tambien, a los hechos y acontecimientos que suceden; y aún más,a la producción que deriva del acopio de conocimientos
como fruto del estudio o de la investigación.
El derecho a la información es de doble via; por un lado, canaliza al sujeto que "informa", y por otro instruye al que "se informa".
Ahora bien, el derecho a la información es amplio, aunque tambien puede restringirse. Si nos atenemos a los textos jurídicos, y a las leyes que reglamentan el ejercicio del derecho a informar, la restricción ( aunque parcial ), siempre conlleva un daño a las instituciones democráticas, pero cuando se aplica en el ejercicio de la ley, es porque puede colisionar con otros derechos o se monta sobre las obligaciones.
Toda información o publicidad vertida a través de cualquier medio debe ajustarse a la verdad, debe respetar el orden jurídico y debe evitar inducir a terceros a la comisión de hechos que atenten contra las personas, o contra el propio receptor de la información.
Cuando de la salud se trata, por ser un bien jurídico regulado por el derecho, toda información debe guardar ciertos recaudos que garanticen que quien emite los juicios, o quien elabora los guiones, posea los conocimientos y habilidades sobre lo que se expone, adquiridos a través de una formación que le permita acreditar fehacientemente su competencia, por el cursado de una carrera legalmente autorizada y por la obtención de un título que lo habilita para el ejercicio de la profesión, hecho que le confiere un estatus jurídico para el monopolio del conocimiento y una responsabilidad implícita en las incumbencias del título, y en las bases deontológicas que enmarcan su accionar.
En éstas últimas décadas, el acceso a internet por parte de grandes masas de la población o por la profusión de revistas y textos de circulación pública, la gente común dispone de suficientes datos referidos a una ámplia diversidad de temas, y en especial en el campo de la salud. Los contenidos de dichos medios pueden inducir al cambio de habitos, al uso de terapias complementarias, y hasta la automedicación, que casi siempre responden a intereses comerciales y pueden poner en riesgo la integridad de las personas.
Está demostrado que alrededor del 80% de los usuarios de la WEB, hace uso de ésta información, la procesa según su propio discernimiento y la utiliza sin ningún tipo de supervisión.
No cabe duda que los intereses comerciales, priman en muchos de los sitios virtuales que pueden consultarse, de la misma manera que tambien ejercen una importante influencia las publicidades, entrevistas, o programas radiales y televisivos, no siempre avalados por instituciones científicas reconocidas, y que en muchas oportunidades responden en forma desembozada a la intención de vender.
Tampoco deben sorprendernos algunas actitudes que no son individuales ( v.g. aquellas en que aparece en pantalla, o con su firma en un medio gráfico, un profesional no siempre reconocido por su versación sobre el tema abordado, y esponsoreado por empresas comerciales del sector ), ya que tambien algunas entidades profesionales, comprometen su prestigio y responsabilidad vendiendo un sello que garantiza (¿?) y avala ciertos productos.
La profesión odontológica no está exenta de todas éstas consideraciones. Programas radiales y televisivos de autopromoción, avisos encubiertos emitidos por comunicadores,
cuando nó verdaderos " chivos " publicitarios a favor de profesionales ( al estilo de los empleados por artistas o conductores de programas con diseñadores de ropa, calzado, joyas, perfumes etc., en donde el canje es una moneda corriente ), por el solo hecho de ser sus odontólogos de cabecera. También suelen aparecer en los medios gráficos, publicidades de laboratorios y fábricas de productos de uso bucal en los que un artista conocido, o un profesional del que se muestra su número de matrícula, recomienda una especialidad a la que le adjudica propiedades que no siempre están avaladas por estudios e investigaciones serias.
como fruto del estudio o de la investigación.El derecho a la información es de doble via; por un lado, canaliza al sujeto que "informa", y por otro instruye al que "se informa".
Ahora bien, el derecho a la información es amplio, aunque tambien puede restringirse. Si nos atenemos a los textos jurídicos, y a las leyes que reglamentan el ejercicio del derecho a informar, la restricción ( aunque parcial ), siempre conlleva un daño a las instituciones democráticas, pero cuando se aplica en el ejercicio de la ley, es porque puede colisionar con otros derechos o se monta sobre las obligaciones.
Toda información o publicidad vertida a través de cualquier medio debe ajustarse a la verdad, debe respetar el orden jurídico y debe evitar inducir a terceros a la comisión de hechos que atenten contra las personas, o contra el propio receptor de la información.
Cuando de la salud se trata, por ser un bien jurídico regulado por el derecho, toda información debe guardar ciertos recaudos que garanticen que quien emite los juicios, o quien elabora los guiones, posea los conocimientos y habilidades sobre lo que se expone, adquiridos a través de una formación que le permita acreditar fehacientemente su competencia, por el cursado de una carrera legalmente autorizada y por la obtención de un título que lo habilita para el ejercicio de la profesión, hecho que le confiere un estatus jurídico para el monopolio del conocimiento y una responsabilidad implícita en las incumbencias del título, y en las bases deontológicas que enmarcan su accionar.
En éstas últimas décadas, el acceso a internet por parte de grandes masas de la población o por la profusión de revistas y textos de circulación pública, la gente común dispone de suficientes datos referidos a una ámplia diversidad de temas, y en especial en el campo de la salud. Los contenidos de dichos medios pueden inducir al cambio de habitos, al uso de terapias complementarias, y hasta la automedicación, que casi siempre responden a intereses comerciales y pueden poner en riesgo la integridad de las personas.
Está demostrado que alrededor del 80% de los usuarios de la WEB, hace uso de ésta información, la procesa según su propio discernimiento y la utiliza sin ningún tipo de supervisión.
No cabe duda que los intereses comerciales, priman en muchos de los sitios virtuales que pueden consultarse, de la misma manera que tambien ejercen una importante influencia las publicidades, entrevistas, o programas radiales y televisivos, no siempre avalados por instituciones científicas reconocidas, y que en muchas oportunidades responden en forma desembozada a la intención de vender.
Tampoco deben sorprendernos algunas actitudes que no son individuales ( v.g. aquellas en que aparece en pantalla, o con su firma en un medio gráfico, un profesional no siempre reconocido por su versación sobre el tema abordado, y esponsoreado por empresas comerciales del sector ), ya que tambien algunas entidades profesionales, comprometen su prestigio y responsabilidad vendiendo un sello que garantiza (¿?) y avala ciertos productos.
La profesión odontológica no está exenta de todas éstas consideraciones. Programas radiales y televisivos de autopromoción, avisos encubiertos emitidos por comunicadores,
cuando nó verdaderos " chivos " publicitarios a favor de profesionales ( al estilo de los empleados por artistas o conductores de programas con diseñadores de ropa, calzado, joyas, perfumes etc., en donde el canje es una moneda corriente ), por el solo hecho de ser sus odontólogos de cabecera. También suelen aparecer en los medios gráficos, publicidades de laboratorios y fábricas de productos de uso bucal en los que un artista conocido, o un profesional del que se muestra su número de matrícula, recomienda una especialidad a la que le adjudica propiedades que no siempre están avaladas por estudios e investigaciones serias.
Creo que ha llegado el momento en que los propios organismos profesionales de ética o tribunales de disciplina de los colegios, tomen a su cargo el tratamiento de éstos temas, no para coartar la libertad de informar, ni para constituirse en censores de los medios de publicidad, sino para fijar pautas éticas que alerten al consumidor a los efectos de evitar riesgos a su salud, y encuadrar el accionar de los profesionales y de sus propias instituciones, dentro de reglas consensuadas que impidan la manipulación del conocimiento y de la población en general, que no dispone de los filtros necesarios que le permitan poder dilucidar la veracidad y objetividad de toda la información a la que tiene acceso. Es un compromiso de la profesión odontológica, a través de sus mecanismos deontológicos, establecer pautas precisas que impidan la comisión de actos reñidos con la ley, las buenas costumbres y el respeto a la ciudadanía .
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Etica profesional,
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responsabilidad profesional.
miércoles, 27 de octubre de 2010
ALGUNOS PROBLEMAS DE ETICA PROFESIONAL
Cuando en el seno de una sociedad se escuchan voces preocupadas que cuestionan la utilidad misma de una labor profesional, puede interpretarse que dichas voces son interesadas, que carecen de fundamento o que responden a una estrategia nihilista, que negando todo apunta a su destrucción y al logro de un nuevo orden.
Cuando esas voces provienen de la misma profesión, y se basan en estudios serios y nó en meras suposiciones o apreciaciones subjetivas, ya no resulta tán facil rebatirlas con subterfugios o superficialidades.
El ejercicio de nuestra profesión se halla cuestionado en la medida en que no ha dado respuesta satisfactoria a sus máximas responsabilidades. Dice Harald Loe, " el cambio profundo en la conceptualización de las dos mayores enfermedades dentarias, y su control potencial, tuvo que haber tenido un profundo impacto en la educación dental y consecuentemente en el ejercicio de la profesión; pero todos sabemos que son muy pocos los cambios que han ocurrido en ambas ".
Este cuestionamiento no es patrimonio exclusivo de la Odontología. Winkelstein manifiesta que " en los Estados Unidos de Norte América, la incidencia y prevalencia de las diez enfermedades responsables de la mayor morbilidad y mortalidad no se vé alterada por la más vigorosa aplicación del sistema de atención médica ".
Sin duda alguna, no puede existir una situación de tal cuestionamiento, sin que las instituciones profesionales y sus miembros individualmente, experimenten un conflicto ético cuya magnitud ha de admitir gradaciones en relación con su mayor o menor responsabilidad.
Sholle, antiguo editorialista del J.A.D.A, ha dicho que :"históricamente, lo que ha mantenido unidas a todas las profesiones han sido sus códigos de ética, ya que es a través de ellos que las profesiones declaran cómo deben comportarse sus miembros con respecto al público y a cada uno de ellos. Este seguro de responsabilidad ética es otorgado al público y a cambio se recibe el privilegio de la práctica de la profesión. Pero el público que sospecha, mal o bien, que se le está descuidando y que el profesional se está abusando de sus privilegios, exige que se le restituya esa confianza por medio de cambios bien visibles en la conducta ética profesional.
Y si los profesionales siguen siendo recalcitrantes en su proceder, entonces el público trata de ser compensado mediante enmiendas que establecerán organismos externos a la profesión.
Los docentes formadores del recurso humano, los planificadores de la salud, los funcionarios del área, los dirigentes profesionales, los docentes de posgrado y los profesionales de hospital, en última instancia en nuestro Pais, son en su mayoría odontólogos de práctica privada. Sin embargo, los problemas y situaciones que detectan en cada uno de los ámbitos en que les toca desenvolverse, no parece que los acicateara para la búsqueda de soluciones, o para la aceptación de sugerencias o recomendaciones lógicas.
Muchos profesionales tienden al rechazo de los medios conducentes al contralor profesional, especialmente si ellos han sido delegados en la propia profesión poniendo en sus manos los resortes de la ética profesional y del poder disciplinario. Por otra parte gran número de colegas, evitan la discusión de temas como el control de la matrícula tanto pública como privada, el despliegue de la mano de obra tanto a nivel nacional o como objetivo de cooperación internacional; el cumplimiento de un período de capacitación para acceder al ejercicio profesional; el bloqueo de título para determinados funcionarios o miembros de los cuerpos hospitalarios en los que pueden llegar a existir una manifiesta incompatibilidad con el ejercicio privado. Pero lo que más llama la atención es el manifiesto propósito en poner el acento en una práctica encaminada al desarrollo de una odontología restauradora y esteticista, sólo al alcance de una porción minoritaria de la población, en oposición a una práctica conservadora y preventiva de alcance universal.
La prevención y tratamiento de la caries y la enfermedad periodontal, y la investigación que les dé sustento biológico y operacional, no representan una especial preocupación de las instituciones y de los odontólogos en particular, la que se ha volcado éstos últimos años a los procedimientos complejos, de los que la implantología es el ícono sobresaliente.
La implantología, no es un recurso conservador. Al igual que la prótesis convencional, opera sobre los maxilares parcial o totalmente desdentados. La investigación, los cursos de posgrado y el despilfarro de recursos relativos a la tecnología implantaria, supera con olgura a aquellos que tienen cómo imperativo el cuidado y conservación de las piezas dentarias naturales. No faltan los colegas inescrupulosos que aconsejan a los pacientes, la exodoncia como solución a problemas dentales con un buen pronóstico conservador en beneficio de prácticas relacionadas con la implantología y su correlato protético.
La renuencia al tratamiento de éstos temas, y la persistencia en mantener un órden fuera de la lógica que demanda el progreso social, puede determinar la incursión de los organismos gubernamentales no específicos para llenar el vacío dejado por la propia profesión. Cómo ejemplo paradigmático, reproduzco las palabras que en el seno de la celebración del centenario de la Asociación Dental Británica, pronunciara el Duque de Edimburgo, en respuesta sin duda, a una situación preocupante en el area de la salud : " Podría parecer que las normas éticas son bien evidentes y que el proceso educativo y de formación, automáticamente inculca o infunde un conocimiento de esas normas y tambien una determinación para ponerlas en práctica. Las normas éticas no se adquieren automáticamente, ni tampoco permanece inmutable la importancia relativa de esas normas, en relación con los valores cambiantes en una comunidad humana.
Al rededor nuestro existe amplia evidencia de que el interés declinante de muchos miembros de la comunidad,en los valores éticos y morales, ha dado cómo resultado un crecimiento masivo del crímen y de la irresponsabilidad general. Por consiguiente la educación ética de los profesionales tiene que adaptarse para tener en cuenta las actitudes imperantes de esas personas que están recibiendo capacitación profesional.
Aunque parezca extraño, esas mismas personas que están muy ansiosas por verse libres de convenciones y de ceder a sus antojos, son generalmente las primeras en quejarse acerca del más mínimo desliz en la ética profesional ".
La responsabilidad de la Universidad, las Instituciones gremiales y de colegiación, de los profesionales prestigiosos y de los líderes naturales de la profesión, es cada vez mayor, en la medida en que tambien son mayores los dilemas éticos y los desafios a los que debemos enfrentarnos los profesionales de la salud.
Cuando esas voces provienen de la misma profesión, y se basan en estudios serios y nó en meras suposiciones o apreciaciones subjetivas, ya no resulta tán facil rebatirlas con subterfugios o superficialidades.
El ejercicio de nuestra profesión se halla cuestionado en la medida en que no ha dado respuesta satisfactoria a sus máximas responsabilidades. Dice Harald Loe, " el cambio profundo en la conceptualización de las dos mayores enfermedades dentarias, y su control potencial, tuvo que haber tenido un profundo impacto en la educación dental y consecuentemente en el ejercicio de la profesión; pero todos sabemos que son muy pocos los cambios que han ocurrido en ambas ".
Este cuestionamiento no es patrimonio exclusivo de la Odontología. Winkelstein manifiesta que " en los Estados Unidos de Norte América, la incidencia y prevalencia de las diez enfermedades responsables de la mayor morbilidad y mortalidad no se vé alterada por la más vigorosa aplicación del sistema de atención médica ".
Sin duda alguna, no puede existir una situación de tal cuestionamiento, sin que las instituciones profesionales y sus miembros individualmente, experimenten un conflicto ético cuya magnitud ha de admitir gradaciones en relación con su mayor o menor responsabilidad.
Sholle, antiguo editorialista del J.A.D.A, ha dicho que :"históricamente, lo que ha mantenido unidas a todas las profesiones han sido sus códigos de ética, ya que es a través de ellos que las profesiones declaran cómo deben comportarse sus miembros con respecto al público y a cada uno de ellos. Este seguro de responsabilidad ética es otorgado al público y a cambio se recibe el privilegio de la práctica de la profesión. Pero el público que sospecha, mal o bien, que se le está descuidando y que el profesional se está abusando de sus privilegios, exige que se le restituya esa confianza por medio de cambios bien visibles en la conducta ética profesional.
Y si los profesionales siguen siendo recalcitrantes en su proceder, entonces el público trata de ser compensado mediante enmiendas que establecerán organismos externos a la profesión.
Los docentes formadores del recurso humano, los planificadores de la salud, los funcionarios del área, los dirigentes profesionales, los docentes de posgrado y los profesionales de hospital, en última instancia en nuestro Pais, son en su mayoría odontólogos de práctica privada. Sin embargo, los problemas y situaciones que detectan en cada uno de los ámbitos en que les toca desenvolverse, no parece que los acicateara para la búsqueda de soluciones, o para la aceptación de sugerencias o recomendaciones lógicas.
Muchos profesionales tienden al rechazo de los medios conducentes al contralor profesional, especialmente si ellos han sido delegados en la propia profesión poniendo en sus manos los resortes de la ética profesional y del poder disciplinario. Por otra parte gran número de colegas, evitan la discusión de temas como el control de la matrícula tanto pública como privada, el despliegue de la mano de obra tanto a nivel nacional o como objetivo de cooperación internacional; el cumplimiento de un período de capacitación para acceder al ejercicio profesional; el bloqueo de título para determinados funcionarios o miembros de los cuerpos hospitalarios en los que pueden llegar a existir una manifiesta incompatibilidad con el ejercicio privado. Pero lo que más llama la atención es el manifiesto propósito en poner el acento en una práctica encaminada al desarrollo de una odontología restauradora y esteticista, sólo al alcance de una porción minoritaria de la población, en oposición a una práctica conservadora y preventiva de alcance universal.
La prevención y tratamiento de la caries y la enfermedad periodontal, y la investigación que les dé sustento biológico y operacional, no representan una especial preocupación de las instituciones y de los odontólogos en particular, la que se ha volcado éstos últimos años a los procedimientos complejos, de los que la implantología es el ícono sobresaliente.
La implantología, no es un recurso conservador. Al igual que la prótesis convencional, opera sobre los maxilares parcial o totalmente desdentados. La investigación, los cursos de posgrado y el despilfarro de recursos relativos a la tecnología implantaria, supera con olgura a aquellos que tienen cómo imperativo el cuidado y conservación de las piezas dentarias naturales. No faltan los colegas inescrupulosos que aconsejan a los pacientes, la exodoncia como solución a problemas dentales con un buen pronóstico conservador en beneficio de prácticas relacionadas con la implantología y su correlato protético.
La renuencia al tratamiento de éstos temas, y la persistencia en mantener un órden fuera de la lógica que demanda el progreso social, puede determinar la incursión de los organismos gubernamentales no específicos para llenar el vacío dejado por la propia profesión. Cómo ejemplo paradigmático, reproduzco las palabras que en el seno de la celebración del centenario de la Asociación Dental Británica, pronunciara el Duque de Edimburgo, en respuesta sin duda, a una situación preocupante en el area de la salud : " Podría parecer que las normas éticas son bien evidentes y que el proceso educativo y de formación, automáticamente inculca o infunde un conocimiento de esas normas y tambien una determinación para ponerlas en práctica. Las normas éticas no se adquieren automáticamente, ni tampoco permanece inmutable la importancia relativa de esas normas, en relación con los valores cambiantes en una comunidad humana.
Al rededor nuestro existe amplia evidencia de que el interés declinante de muchos miembros de la comunidad,en los valores éticos y morales, ha dado cómo resultado un crecimiento masivo del crímen y de la irresponsabilidad general. Por consiguiente la educación ética de los profesionales tiene que adaptarse para tener en cuenta las actitudes imperantes de esas personas que están recibiendo capacitación profesional.
Aunque parezca extraño, esas mismas personas que están muy ansiosas por verse libres de convenciones y de ceder a sus antojos, son generalmente las primeras en quejarse acerca del más mínimo desliz en la ética profesional ".
La responsabilidad de la Universidad, las Instituciones gremiales y de colegiación, de los profesionales prestigiosos y de los líderes naturales de la profesión, es cada vez mayor, en la medida en que tambien son mayores los dilemas éticos y los desafios a los que debemos enfrentarnos los profesionales de la salud.
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Ejercicio de la Odontología,
Etica profesional
jueves, 22 de julio de 2010
ALGO MAS SOBRE LA ETICA PROFESIONAL
Uno de los interrogantes que siempre nos hacemos los profesionales de la salud, es si, dadas las causales debidas, ponemos en evidencia el mal accionar de nuestros colegas.
Cierto es que existen los códigos de ética en nuestras instituciones de libre agremiación, tánto gremiales cómo científicas con la correspondiente comisión de pares encargada de aconsejar o dictaminar en cada caso, cómo así tambien el poder disciplinario en los organismos de colegiación, cuyo manejo semeja casi a un tribunal, que deben encargarse de juzgar las faltas de ética o el mal desempeño de los profesionales, pero tambien es cierto, que dichos órganos sólo actuan ante denuncias concretas de terceros, o de los propios colegas.
Sin embargo, uno de los aspectos más controversiales y que menos se considera al momento de elevar una denuncia, es el de la falta de competencia profesional.
Para tratar de permitir la incursión en el tema de quienes visitan éste Blogg, propongo el análisis del siguiente artículo.
Cierto es que existen los códigos de ética en nuestras instituciones de libre agremiación, tánto gremiales cómo científicas con la correspondiente comisión de pares encargada de aconsejar o dictaminar en cada caso, cómo así tambien el poder disciplinario en los organismos de colegiación, cuyo manejo semeja casi a un tribunal, que deben encargarse de juzgar las faltas de ética o el mal desempeño de los profesionales, pero tambien es cierto, que dichos órganos sólo actuan ante denuncias concretas de terceros, o de los propios colegas.
Sin embargo, uno de los aspectos más controversiales y que menos se considera al momento de elevar una denuncia, es el de la falta de competencia profesional.
Para tratar de permitir la incursión en el tema de quienes visitan éste Blogg, propongo el análisis del siguiente artículo.
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